Archivo mensual: diciembre 2013

4° Domingo de Adviento – Año A (Dic 22, 2013)

JESÚS, EL “DIOS CON NOSOTROS”

Introducción

El hijo de la Virgen María tiene un doble nombre: el usado por sus contemporáneos – Jesús, quien libera de los pecados,  y aquel que le atribuye el evangelista Mateo – Emmanuel, Dios con nosotros.

La primera grande herejía fue introducida por un brillante dialéctico del siglo IV, Apolinar de Laodicea: sostenía que Jesús sí tenía un cuerpo humano, pero no un alma como la nuestra. Temía que, acordándole una plena humanidad, resultara ofuscada su divinidad. No le hacía a Jesús un gran favor: lo alejaba de nuestro mundo, de nuestra condición; le quitaba el segundo nombre, el de Emmanuel.

En la expresión de Juan la Palabra se ha hecho carne (Jn 1,14), el término carne no indica solamente la corporeidad sino todo el ser humano entendido en su dimensión de debilidad, fragilidad, de limitaciones que se derivan del hecho de ser creatura.

En María el Unigénito del Padre no está solamente revestido de músculos, sino que ha tomado plenamente nuestra condición humana.

Ha probado nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestras pasiones; ha experimentado las alegrías de los afectos y la desilusión de las traiciones; ha compartido nuestras ansiedades, nuestros dolores y humillaciones, nuestra ignorancia, nuestra satisfacción de aprender y también nuestro miedo frente a la muerte. No se ha unido solamente a un “cuerpo verdadero” sino que se ha hecho “realmente hombre”, en todo como nosotros menos en el pecado. Por eso es el Emmanuel, Dios con nosotros.

 Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“Has venido entre nosotros, Señor, para permanecer siempre con nosotros”

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Natividad del Señor (Misa de medianoche) – 25 de Diciembre

LUZ PARA QUIEN YACE EN LAS TINIEBLAS

Introducción

 “Las tinieblas cubrían el abismo…cuando Dios dijo: ¡que exista la Luz!” (Gn 1,2-3).

Luz es la primera palabra que Dios pronuncia en la Biblia, palabra que señala el inicio de la creación (Gn 1,3). Desde que “Dios vio que la luz era buena” (Gn 1,4) el hombre no ha dejado de desearla, de buscarla, al mismo tiempo que teme y huye de la oscuridad. Las tinieblas hablan de muerte y por tanto huimos de ellas.

Quien nace viene de la luz, quien muere se encamina hacia la tierra de las tinieblas (Job 10,21). “Dios – afirma Job – revela los más hondo de las tinieblas y saca a la luz las sombras” (Job 12,22). En la mentalidad bíblica las tinieblas no son sino la antesala de la luz, están destinadas a convertirse en luz.

Dios es luz y impregna de luz todas sus criaturas: el rocío se convierte, en la imaginación poética de Isaías, en roció de luz (Is 26,19); también las nubes, aunque obscuras y amenazantes, están grávidas de luz que brilla, cuando se enciende el relámpago (Job 37,15).

Celebramos la liturgia de Navidad durante la noche para reproducir plásticamente, la oscuridad vencida por la palabra del Creador, la oscuridad de nuestra condición humana iluminada por la venida del Salvador.

 Para interiorizar el mensaje repetiremos:

“La luz de un Niño brilla sobre los que habitan en la tierra tenebrosa”

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