Archivo diario: diciembre 5, 2013

2° Domingo de Adviento – Año A (Dic 8, 2013)

FLORECERÁ COMO LA PALMERA,
CRECERÁ COMO CEDRO DEL LÍBANO

Introducción

Israel era un árbol que el Señor había plantado y después cultivado. Luego vinieron los enemigos quienes, armados de hoces y hachas, les asestaron golpes sin piedad reduciéndolo a un tronco despojado y desolado (Sal 74,5-6).

Esta es nuestra historia. A merced de las fuerzas del mal que nos oprimen, nos quitan la luz y la respiración nos convierten en ramas secas, incapaces de dar frutos.

¡Pero no hay que perder la esperanza!

 “Llegara el día, aseguran los profetas, en que Israel echara raíces, brotes y flores y sus frutos cubrirán la tierra” (Is 27,6). “Yo seré como roció para Israel—dice el Señor—quien florecerá como azucena y arraigará como álamo; echará brotes y tendrá el esplendor del olivo y el aroma del Líbano” (Os 14,6-7).

“Nada es imposible para Aquel que ha hecho florecer hasta el bastón seco de Aarón” (Num 17,23).

Según las promesas del Señor, de la raíz de Jesé ha surgido un árbol vigoroso—Cristo—en el cual todos los pueblos serán injertados. De Él saldrá la savia que mantendrá frondosos y que hará producir frutos abundantes a todo árbol plantado en el jardín de Dios.

No existen situaciones desesperadas para quien cree en el amor del Señor.

Para interiorizar el mensaje repetiremos: 

“Temamos el hacha de los enemigos, no la de Dios que elimina las plantas malignas de nuestro jardín”.

Sigue leyendo

Categorías: Ciclo A | Deja un comentario

3° Domingo de Adviento – Año A (Dic 15, 2013)

El Bautista invitado a convertirse

Introducción

“Apareció’ un hombre enviado por Dios, llamado Juan” (Juan 1,6) Fue enviado para preparar Israel para la venida del Mesías “arrepiéntanse—decía—que está cerca el Reino de los cielos” (Mt 3,2).

Su mensaje era claro, el lenguaje duro, la propuesta exigente.

Austero e irreprensible, daba la impresión de ser un maestro de vida seguro de sí mismo y de las propias certezas, firme, inflexible. Sin embargo—como todos—tenía perplejidades, inquietudes, tormentos interiores.

Jesús, que le tenía una profunda estima y lo comprendía, un día lo invito examinar sus propias convicciones teológicas y religiosas. Le hizo saber que debía realizar en sí mismo aquella conversión que pedía a los otros.

El domingo pasado la liturgia nos propuso el mensaje del Bautista, hoy nos presenta su ejemplo.

Juan no ha enseñado solamente con su palabra sino que ha mostrado con su vida como debemos estar siempre dispuestos a cuestionar nuestras propias seguridades cuando nos confrontamos con la novedad de Dios.

Solamente quien, como él, busca apasionadamente la verdad está preparado para encontrar la Verdad.

 • Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“El Señor no viene para condenar sino para sanar”

Sigue leyendo

Categorías: Ciclo A | Etiquetas: | Deja un comentario

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: