Archivo mensual: enero 2014

Tercer Domingo del Tiempo Ordinario – Año A (Enero 26, 2014)

¿CUÁNTO DURARÁ LA NOCHE?

Introducción

“Judas comió el pedazo de pan y salió inmediatamente. Era de noche” (Jn 13,30). Pocas palabras para describir una escena dramática; un hombre, a merced ya de sus proyectos de locura, abandona a Cristo-luz y viene devorado por la obscuridad.

La gente teme la obscuridad de la noche y se anima cuando comienzan las primeras luces del alba. Los centinelas escrutan el horizonte, esperando la aurora (Sal 130,6). Largas son las noches de quien, ardiendo de fiebre y presa de pesadillas, gira y da vueltas esperando la mañana (cf. Job 7,3-4).

Quien se ha precipitado en las tinieblas del vicio, de la mentira y de la injusticia espera también un rayo de luz que le anuncie el fin de la noche y el comienzo de un nuevo día.

Centinela ¿cuánto queda de la noche?, pregunta el profeta (cf. Is 21,11). ¿Cuánto durará todavía en el mundo la obscuridad, el mal y el pecado? ¿Cuándo serán “liberados los hombres del poder de las tinieblas”? (Col 1,13).

Pablo invita a la esperanza: “Ya es hora de despertar del sueño: ahora la salvación está más cerca que cuando abrazamos la fe, La noche está avanzada, el día se acerca” (Rom 13,11-12).

El conflicto luz-tinieblas continua a la espera del día sin fin, cuando “allí no habrá noche. No les hará falta ni luz de lámpara ni luz del sol, porque los ilumina el Señor Dios” (Ap 22,5).

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“Estábamos en tinieblas, ahora somos luz. 

Haz, Oh Señor, que nos comportemos como hijos de la luz”

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Segundo Domingo del Tiempo Ordinario – Año A (Enero 19, 2014)

DIOS: AQUEL QUE LLAMA 

Introducción

No hay pagina de la Escritura en la que no aparezca de un modo u otro el tema de la vocación. “En el principio” Dios llama las criaturas a la existencia (cf. Sab 11,25), llama al hombre a la vida y cuando Adán se aleja de él le pregunta: “Dónde estás?” (Gen 3,9). Llama a un pueblo y lo escoge entre todos los pueblos de la tierra (Dt 10,14-15); llama a Abrahán, Moisés, los profetas y les confía una misión a cumplir, un plan de salvación que llevar a cabo. Llama por nombre también a las estrellas del firmamento y estas responden: “¡Aquí estamos!” y gozan y brillan de alegría para aquel que les ha creado (Bar 3,34-35). Comprender estas vocaciones equivale a descubrir el proyecto que Dios tiene acerca de sus criaturas y acerca de todo hombre. Ninguno y nada es inútil: cada persona, cada ser tiene una función, una tarea que cumplir.

“De Egipto he llamado a mi hijo”, declara el Señor por boca de Oseas (Os 11,1) y Mateo (Mt 2,15) aplica esta profecía a Jesús. Sí, también él tiene una vocación: regresar de la tierra de esclavitud, recorrer las etapas del éxodo, superar las tentaciones, y alcanzar con todo el pueblo la libertad.

¿Y nuestra vocación?

“Dios nos ha llamado para una vocación santa” (2 Tim 1,9), nos ha llamado “mediante el evangelio que predicamos a compartir la gloria de Cristo Jesús, nuestro Señor” (2 Tes 2,14).

Los caminos que conducen a esta meta son diferentes para cada uno de nosotros: existe el camino para quien está casado o soltero, está el camino de los sanos y el de los enfermos, de los viudos, de los separados, de los novios. Lo que importa es escuchar y descubrir dónde Dios quiere conducir a cada uno y caminar de manera que “se muestren dignos de la vocación que han recibido” (Ef 4,1). “Ángel del Señor” es quien se acerca al hermano y lo ayuda a discernir y a seguir el camino trazado para el por Dios.

* Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“¿Señor, que quieres que haga?

Ayúdame a comprender y ha realizar tu diseño de amor”.

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