Archivo diario: abril 28, 2014

Tercer Domingo de Pascua – Año A (4 Mayo 2014)

¿Cuándo llora una esposa?

La enamorada siente un deseo incontenible de estar junto a quien ama. En el silencio de la noche piensa en él, pronuncia su nombre, sueña con sus caricias: “Su izquierda bajo mi cabeza y su derecha me abraza” (Cant 8,3). Se siente desolada si no recibe ningún mensaje de él, cuando oye su voz, corre temblando de emoción hacia la puerta, gira el pestillo de la cerradura, abre. Pero el amado ya no está allí, se ha ido, ha desaparecido y ella cae en la desolación (cf. Cant 5,5-6).

“Se han llevado a mi Señor”, grita desolada entre lagrimas la Magdalena. Caminan tristes los dos discípulos de Emaús; inclinando la cabeza, rostro a tierra, las mujeres buscan en el sepulcro, entre los muertos, a Aquel que está vivo (cf. Lc 24,5). Estas escenas son el retrato de la comunidad que no encuentra “al amado de su corazón”. Con él, toda noche se trasforma en luz, el ocaso en preludio de aurora, el dolor en anuncio de nacimiento, las lágrimas en esbozo de sonrisa.

“¡Quédate con nosotros!” –implora la esposa cuando su Señor parece como querer continuar su camino. Si ha prometido permanecer con ella todos los días hasta el fin del mundo (cf. Mt 28,20) ¿por qué la deja sola? No es él, sin embargo, el que se aleja, es ella la que es incapaz de reconocerlo.

Apenas comienza a explicarle las Escrituras, su corazón comienza a arder. Como la amada del Cantar, reconoce la voz de su amado y, a la “fracción del pan”, sus ojos se iluminan y lo reconocen. No la había abandonado ni nunca la abandonará.

* Para interiorizar el mensaje, repetiremos:
“Haz que escuchemos tu voz en las Escrituras y que te reconozcamos en la fracción del pan”.

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