Archivo mensual: abril 2014

Viernes Santo – AÑO A (18 Abril 2014)

Hemos contemplado un amor
más fuerte que la muerte

Introducción

 El dramático suplicio de la cruz ha inducido frecuentemente a los predicadores del pasado a insistir de un modo excesivo sobre los aspectos cruentos de la pasión de Jesús. De este tipo de predicación se han derivado imágenes, representaciones populares y algunas devociones en las que se resaltaba la violencia de los golpes de la flagelación, las caídas bajo el peso de la cruz, el sadismo de los soldados.

Este tipo de acercamiento a los textos evangélicos no ha hecho un buen servicio a la comprensión real de los acontecimientos de la Pascua; al contrario, ha contribuido a ofuscar su significado.

 Los evangelios se mueven en una perspectiva diferente. Son muy sobrios al referir los horrendos tormentos infligidos a Jesús. Su objetivo no es impresionar o conmover a sus lectores, sino hacer comprender la inmensidad del amor de Dios que se ha revelado en Cristo.

No se detienen en los sufrimientos porque la pasión que cuentan no es la del sufrimiento sino la del amor.

Quieren mostrarnos que:

“El amor es fuerte como la muerte, la pasión más poderosa que el abismo; sus dardos son dardos de fuego, llamaradas divinas. Las aguas torrenciales no podrán apagar el amor ni extinguirlo los ríos. Si alguien quiere comprar el amor con todas las riquezas de su casa, sería sumamente despreciable” (Cant 8,6-7).

 Juan es el más sobrio de los evangelistas al narrar los aspectos cruentos de la pasión. Omite los detalles humillantes, como los golpes en la cabeza y los esputos y solo alude someramente a la flagelación y a las bofetadas. Su relato, el que la liturgia de hoy nos invita a meditar, no narra el camino de Jesús hacía la muerte sino hacia la gloria.

Cristo en la cruz nos hace comprender hasta donde puede llegar el pecado: nos conduce hasta el punto de hacer irreconocible a una persona. Pero al mismo tiempo Juan nos hace contemplar la respuesta de Dios al pecado: el don de su Espíritu y la resurrección del Santo, del Justo.

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

Señor, hazme comprender cuán grande es tu pasión de amor.

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Domingo de Pascua – Vigilia Pascual en la noche Santa – Año A

No busquen entre los muertos al Viviente

Introducción

Nosotros los cristianos estamos convencidos de ser los depositarios de un proyecto de hombre y de una sociedad excelentes, y nos sentimos orgullosos si esta propuesta moral que predicamos es reconocida como noble y elevada. Nos gusta ser reconocidos como mensajeros de la fraternidad universal, de la justicia y de la paz. Sentimos, por el contrario, un cierto pudor en presentarnos como testigos de la resurrección, como portadores de la luz que ilumina la tumba.

 Se tiene la impresión, a veces, de que los predicadores, en la misma noche de Pascua, se sientan incómodos en dejar que sus rostros reflejen, durante la homilía, el gozo por la victoria de Cristo sobre la muerte y, frecuentemente, en vez de hablar del Resucitado, se desvían hacia temas de actualidad que atraen más la atención de la Asamblea. Tocan temas sociales serios e importantes que necesitan ser iluminados por la luz del Evangelio; en la vigilia pascual, sin embargo, la Comunidad viene convocada para escuchar otro anuncio. Se reúne para festejar y cantar al Señor de la vida por el prodigio inaudito que ha realizado resucitando a su siervo Jesús.

 Tertuliano, un laico cristiano de los primeros siglos, caracterizaba así la fe y la vida de la comunidad de su tiempo: “La esperanza cristiana es la resurrección de los muertos; todo lo que somos, lo somos porque creemos en la resurrección”. 

Lo que distingue a los cristianos de otros hombres no es una moral heroica. También los no creyentes realizan nobles gestos de amor quienes, sin darse cuenta de ello, son movidos por el Espíritu de Cristo.

 El mundo espera de los cristianos una vida moral coherente con el Evangelio, pero sobre todo pide de ellos una respuesta al enigma de la muerte y el testimonio de que Cristo ha resucitado y ha transformado la vida en esta tierra, en tiempo de gestación; y la muerte, en nacimiento.

 La urgencia de una vida nueva puede ser comprendida solamente por quien no teme ya a la muerte porque con los ojos de la fe, “ha visto” al Resucitado y cultiva en el corazón la espera de que pronto: “amanezca el día y surja la estrella de la mañana” (2 Pe 1,19).

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

Cada momento de nuestra vida está iluminado por la luz del Resucitado.

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Domingo de Pascua – Año A (20 Abril 2014)

Testigo es quien “ha visto” al Señor

Introducción

 Son conmovedoras las palabras apasionadas con las que Juan comienza su carta: “Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y palpado con nuestras manos, es lo que les anunciamos, la Palabra de vida” (Jn 1,1-3). Una experiencia inolvidable e irrepetible la suya. No obstante, para ser “testigos de Cristo” no es indispensable haber caminado con Jesús de Nazaret por los caminos de Palestina.

 Pablo –que tampoco ha conocido personalmente a Jesús– fue nombrado testigo“Ponte en pie; que para esto me he aparecido a ti, para nombrarte servidor y testigo de que me has visto y de lo que te haré ver” (Hch 26,16) y recibió del Señor esta tarea: “Lo mismo que has dado testimonio de mí en Jerusalén, tienes que darlo en Roma” (Hch 23,11). Para ser testigo, basta haber visto al Señor realmente vivo, más allá de la muerte.

 Testimoniar no equivale a dar buen ejemplo. Esto es ciertamente útil, pero el testimonio es otra cosa. Lo puede dar solamente quien ha pasado de la muerte a la vida, quien puede afirmar que su existencia ha cambiado y adquirido un nuevo sentido desde el momento que fue iluminada por la luz de la Pascua; quien ha experimentado que la fe en Cristo da sentido a las alegrías y a los sufrimientos e ilumina tanto los momentos felices como los tristes.

 Tratemos de preguntarnos: ¿Es la resurrección de Cristo un punto de referencia constante en todos los proyectos que llevamos a cabo, cuando compramos, vendemos, dialogamos, compartimos una herencia, cuando decidimos tener otro hijo…o pensamos que la realidad de este mundo no tiene nada que ver con la Pascua?

Quien ha visto al Señor no hace ya nada sin él.

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“Si nuestro corazón se abre a la compresión de las Escrituras, veremos al Señor”.

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