Archivo diario: agosto 18, 2015

XXI Domingo del Tiempo Ordinario – Año B (23 de Agosto 2015)

A veces Dios nos pide verdaderamente demasiado

 

Introducción

 

El resultado de un examen histológico, la respuesta de un ultrasonido, los resultados de la amniocéntesis, el diagnóstico de un médico pueden perturbar la vida de una persona, desbaratar los planes y los sueños de una pareja, colocados frente a decisiones dramáticas y la alternativa es siempre entre la sabiduría de este mundo y el de Cristo.

 

Hacer de la propia vida un don no es fácil ni cómodo; requiere sacrificio, renuncia, ascetismo. Requiere aceptar la voluntad de Dios y estar dispuesto a seguir “la luz verdadera que ilumina a todo hombre” (Jn 1,9), incluso cuando todo induciría a considerarla ilógica y sin sentido.

 

Es difícil escuchar al Espíritu, elevarse a Dios y centrarse en la vida que permanece para siempre. Más fácil, aunque sea decepcionante, es entrar por la puerta grande y elegir el camino espacioso (cf. Mt 7,13), replegándose en las perspectivas materiales, olvidando que “la apariencia de este mundo se está acabando” (1 Cor 7,31) y que de nada vale ganar todo el mundo si pierde su vida (cf. Mt 16,26). Tomar decisiones, “según la carne” parece razonable, aunque, interiormente, nos damos cuenta de que “toda carne es hierba y su belleza como flor campestre” (Is 40,6).

 

También el discípulo que ha “saboreado la Palabra buena de Dios y las maravillas del mundo venidero” (Heb 6,5) sigue estando sujeto a la tentación de dar la espalda a Cristo y “preferir el mundo presente” (cf. 2 Tim 4,9).

 

La Eucaristía es una propuesta. Los que deciden recibirla aceptan la Luz y rechazan la oscuridad. Esta es la opción que califica al cristiano.

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“Cuando todas las razones estuvieran de un lado y Cristo del otro, elegiría a Cristo”.

 

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