Archivo mensual: noviembre 2016

2º Domingo de Adviento, 4 de Deciembre 2016, Año A

Florecerá como la palmera,

crecerá como cedro del Líbano

 

Introducción

 

Israel era un árbol que el Señor había plantado y después cultivado. Luego vinieron los enemigos quienes, armados de hoces y hachas, les asestaron golpes sin piedad reduciéndolo a un tronco despojado y desolado (Sal 74,5-6).

 

Esta es nuestra historia. A merced de las fuerzas del mal que nos oprimen, nos quitan la luz y la respiración nos convierten en ramas secas, incapaces de dar frutos.

 

¡Pero no hay que perder la esperanza!

 

“Llegara el día, aseguran los profetas, en que Israel echara raíces, brotes y flores y sus frutos cubrirán la tierra” (Is 27,6). “Yo seré como roció para Israel—dice el Señor—quien florecerá como azucena y arraigará como álamo; echará brotes y tendrá el esplendor del olivo y el aroma del Líbano” (Os 14,6-7).

 

“Nada es imposible para Aquel que ha hecho florecer hasta el bastón seco de Aarón” (Num 17,23).

 

Según las promesas del Señor, de la raíz de Jesé ha surgido un árbol vigoroso—Cristo—en el cual todos los pueblos serán injertados. De Él saldrá la savia que mantendrá frondosos y que hará producir frutos abundantes a todo árbol plantado en el jardín de Dios.

 

No existen situaciones desesperadas para quien cree en el amor del Señor.

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“Temamos el hacha de los enemigos, no la de Dios que elimina las plantas malignas de nuestro jardín”.

 

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1er Domingo de Adviento, 27 de Noviembre, 2016, Año A

Un Juicio Que Salva

 

Introducción

 

¡Teme el juicio final de Dios!

Esta es la amenaza que aun usan algunos predicadores para persuadir—cada vez en forma menos eficaz—a alejarse del mal.

 

La imagen de un Dios juez está presente en el Evangelio, especialmente en el de Mateo donde aparece casi en cada página. ¿Qué sentido tiene?

 

La rendición de cuentas al final de los tiempos está demasiado lejano y es muy débil para ejercer un impacto sobre las decisiones que se toman en el tiempo presente, sobre todo esa sentencia inapelable, de tipo forense, pronunciada por Dios al final de la vida no servirá a ninguno: en ese momento será imposible recuperar el tiempo perdido o usado mal.

 

A nosotros nos interesa el otro Juicio de Dios: aquel que Él pronuncia en nuestro tiempo presente.

 

Delante de las decisiones que todos nosotros estamos llamados a realizar, escuchamos muchos “juicios”: el de los amigos, el de la publicidad, el de la moda, de la vanidad, de los celos, del orgullo, de la moral de nuestros días… y hay también—aunque débil, silenciado, cubierto por otras “sentencias”—el juicio de Dios, el único que nos indica el camino de la vida, es el único que al final se descubrirá válido.

 

Vigilar quiere decir saber discernir, estar en grado de acoger el juicio que puntualmente llegará si bien en modos y en los momentos más inesperados.

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“Haz que yo siga, oh Señor, tus juicios”.

 

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Cristo Rey, 20 de Noviembre 2016, Año C

Tiene por trono una Cruz
Nuestro Señor el Rey del Universo

 

Introducción

 

En Roma gobernaba el emperador Tiberio, cuando en al orilla del río Jordán apareció el bautista. Lo que dice provoca entusiasmo, despierta expectativas, suscita esperanzas. Las autoridades políticas y religiosas se preocupan porque consideran subversivo su mensaje. Dice: ¡El reino de los cielos está cerca! (Mt 3,2). Después de él, Jesús comienza a recorrer ciudades y pueblitos anunciando en todas partes: ¡El tiempo se ha cumplido, el reino de Dios es inminente! (Mc 1,15). A veces dice también: El Reino de Dios está ya en medio de ustedes (Lc 17,21). El reino es el centro de la predicación de Jesús; baste pensar que en el Nuevo Testamento el tema del reino de Dios está presente 122 veces y 90 en boca de Jesús.

 

Pocos años después de su muerte encontramos a sus discípulos quienes en todas las provincias del imperio y en la misma Roma, anuncian en reino de Dios (He 28,31). Hubiéramos querido que Jesús y los apóstoles nos hubiesen explicado el significado de esta expresión, pero ninguno de ellos lo ha hecho. Notamos sin embargo que Jesús se distancia de aquellos que dan a su misión una interpretación político-nacionalista (Mt 4,8-9); no obstante su mensaje contiene una innegable carga subversiva para las estructuras existentes en la sociedad. Es considerado un mensaje peligroso por los detentores del poder, sea político como religioso.

 

Comenzando como una pequeña semilla, el reino está destinado a crecer y a convertirse en un árbol (Mt 13,31-32); está dotado de una fuerza irresistible y provocará una transformación radical del mundo y del hombre. La realeza de Jesús es difícil de entender, ha puesto en picada hasta la cabeza de Pilatos (Jn 18,33-38). La realeza de Jesús es demasiado diferente a las realezas de este mundo. ¡Cuántas veces a lo largo de la historia ha sido malentendida!

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“¡Venga a nosotros tu reino!”.

 

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XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario, 13 de Noviembre 2016, Año C

Ánimo, levanten la cabeza

 

Introducción

 

Cuando acontecen trastornos políticos, como guerras, hambre, pestes y la situación de miseria se convierte en intolerable, se difunden fácilmente rumores sobre el fin del mundo. Para dar crédito a estos delirios los adeptos a estas sectas fundamentalistas utilizan algunos textos bíblicos. El más citado es éste: “Debes saber que en los últimos tiempos se presentarán situaciones difíciles. Los hombres serán egoístas y amigos del dinero, fanfarrones, arrogantes, injuriosos, desobedientes a los padres, in gratos, no respetarán la religión…traidores y atrevidos, vanidosos, más amigos del placer que de Dios” (2 Tim 3,1-4). Estas situaciones de malestar se encuentran en toda época, por eso el que quiere hacer previsiones para el fin del mundo no tendrá problemas en establecer la fecha. Esto es lo que hacen los Testigos de Jehová.

 

Para los autores del Nuevo Testamento los últimos tiempos no son aquellos que vendrán dentro de millones de años, sino aquellos que estamos viviendo, aquel que se ha iniciado con la Pascua. No es fácil captar el sentido de lo que está sucediendo en estos últimos tiempos. Nuestros ojos están como velados, empañados. Mucho de lo que pasa está envuelto en el misterio: desgracias, absurdos inexplicables, contradicciones, señales de muerte. Es difícil descubrir un proyecto de Dios en todo esto.

 

Empleando un lenguaje e imágenes apocalípticas, Jesús quiere rasgar el velo que impide que veamos al mundo con los ojos de Dios. Cuando parece anunciar el fin del cosmos, no se está refiriendo “al” fin del mundo, sino ayudándonos a entender “el” fin del mundo. Apocalipsis no significa catástrofe, sino revelación, desvelamiento. Tenemos necesidad que la palabra de Cristo nos ilumine y, más allá del camino borroso trazado por los hombres, nos permita escoger el trayecto que el Señor está describiendo.

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“Señor permanece cercano, he puesto en ti mi esperanza”.“Al despertarme, Señor, me saciaré contemplando tu rostro”.

 

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