Archivo mensual: enero 2017

4º Domingo del Tiempo Ordinario, 29 de Enero 2017, Año A

¿Qué busca la persona humana sino la alegría?

 

Introducción

 

¿Quieres ser feliz por unas horas? Emborráchate. ¿Quieres serlo por algunos años? Agarra los placeres que la vida te brinda. Lo sugiere el mismo Qohelet: “Anda, come tu pan con alegría y bebe contento tu vino…y no falte el perfume en tu cabeza, disfruta la vida con la mujer que amas todo lo que te dure esta vida fugaz” (Ecl 9,7-9).

 

Pero ¿Cómo ser feliz siempre?

 

La alegría no se identifica con el placer que, aunque querido y bendecido por Dios, es efímero, caduco y tantas veces desemboca en tristeza y desilusión. “También entre risas llora el corazón, y la alegría termina en aflicción” (Prov 14,13).

 

La Biblia garantiza una paradoja: la alegría verdadera y durable nace del empeño, de la renuncia, de la abnegación, del sacrificio y es compañera del dolor. “Ahora me alegro de sufrir por ustedes” declara Pablo a los Colosenses (Col 1,24). A los cristianos perseguidos, Santiago recomienda: “Hermanos míos, estimen como la mayor felicidad el tener que soportar diversas pruebas” (Sant 1,2) y Pedro reconoce: “Ustedes…se alegran con gozo indecible y glorioso” (1 Pe 1,8).

 

¿Cuál es el secreto de esta alegría? Lo revela Jesús: “Más vale dar que recibir” (Hch 20,35). No es bienaventurado quien acumula y retiene egoístamente los bienes para sí, sino quien, repartiendo, se hace pobre para socorrer al necesitado.

 

Una propuesta desconcertante. Aceptarla es arriesgado, pero Él es la garantiza.

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“Bienaventurado quien no retiene nada para sí y se hace pobre por amor”.

 

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3er Domingo del Tiempo Ordinario, 22 de Enero 2017, Año A

¿Cuánto durará la noche?

 

Introducción

 

“Judas comió el pedazo de pan y salió inmediatamente. Era de noche” (Jn 13,30). Pocas palabras para describir una escena dramática; un hombre, a merced ya de sus proyectos de locura, abandona a Cristo-luz y viene devorado por la obscuridad.

 

La gente teme la obscuridad de la noche y se anima cuando comienzan las primeras luces del alba. Los centinelas escrutan el horizonte, esperando la aurora (Sal 130,6). Largas son las noches de quien, ardiendo de fiebre y presa de pesadillas, gira y da vueltas esperando la mañana (cf. Job 7,3-4).

 

Quien se ha precipitado en las tinieblas del vicio, de la mentira y de la injusticia espera también un rayo de luz que le anuncie el fin de la noche y el comienzo de un nuevo día.

 

Centinela ¿cuánto queda de la noche?, pregunta el profeta (cf. Is 21,11). ¿Cuánto durará todavía en el mundo la obscuridad, el mal y el pecado? ¿Cuándo serán “liberados los hombres del poder de las tinieblas”? (Col 1,13).

 

Pablo invita a la esperanza: “Ya es hora de despertar del sueño: ahora la salvación está más cerca que cuando abrazamos la fe, La noche está avanzada, el día se acerca” (Rom 13,11-12).

 

El conflicto luz-tinieblas continua a la espera del día sin fin, cuando “allí no habrá noche. No les hará falta ni luz de lámpara ni luz del sol, porque los ilumina el Señor Dios” (Ap 22,5).

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“Estábamos en tinieblas, ahora somos luz. Haz, Oh Señor, que nos comportemos como hijos de la luz”.

 

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