Archivo mensual: marzo 2017

3er Domingo de Cuaresma, 19 de Marzo 2017, Año A

Existe un agua que no tiene precio

 

Hay un video disponible por el P. Fernando Armellini

con el comentario para el evangelio de hoy:

https://youtu.be/Vx6XSSoPGms

 

Introducción

 

Durante años los israelitas han experimentado la sed en el desierto de Sinaí y visto espejismos; han excavado pozos y soñado en una tierra donde el agua cayera del cielo en forma de lluvia y de rocío, y donde surgieran manantiales cuyas aguas regaran los valles.

 

Nómadas de un desierto desolador, han asociado estas tierras ásperas y áridas con la muerte, mientras que el agua era para ellos símbolo de la vida, de la belleza, de las bendiciones de Dios; han pensado en el Señor como “aquel que llama a las aguas del mar y las distribuye sobre la tierra” (Am 5,8).

 

En la Biblia la imagen del agua aparece en contextos muy diversos. El enamorado contempla a la amada como: “¡Fuente de los jardines, manantial de aguas vivas que fluyen del Líbano!” (Ct 4,15). Dios asegura a los deportados un futuro próspero y feliz con promesas relacionadas con el agua: “ha brotado agua en el desierto, arroyos en la estepa, el arenal será un estanque, lo reseco un manantial” (Is 35,6-7; 41,18). Alejarse del Señor significa tomar decisiones de muerte, equivale que quedarse sin agua: “me abandonaron a mí, fuente de agua viva y se cavaron pozos, pozos agrietados que no conservan el agua” (Jer 2,13).

 

Las palabras apasionadas del profeta que invitan a su pueblo a la conversión: “¡Atención, sedientos, vengan por agua!” (Is 55,1) eran solo el preludio de las pronunciadas por Jesús en la explanada del templo: “Quien tenga sed venga a mí; y beba quien crea en mí” (Jn 7,38). Él es el manantial de agua pura que sacia toda sed.

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“Calmada nuestra sed con tu agua, Señor, no permitas que nos acerquemos a otros pozos”.

 

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2do Domingo de Cuaresma, 12 de Marzo 2017, Año A

Elegidos para servir

 

Hay un video disponible por el P. Fernando Armellini

con el comentario para el evangelio de hoy:

https://youtu.be/_nidKv1If4E

 

Introducción

 

“El Señor te ha elegido –dice Moisés al pueblo de Israel– entre todas las naciones de la tierra como pueblo de su propiedad” (Dt 14,2). “Solo de sus padres se enamoró el Señor, los amó y de su descendencia los escogió a ustedes entre todos los pueblos de la tierra” (Dt 10,15-16). También los cristianos son “estirpe elegida” (1 Pe 2,9). “Nos consta, hermanos queridos de Dios, que ustedes han sido elegidos” (1 Tes 1,4), declara Pablo a los Tesalonicenses. Si el Señor, como afirma Pedro, “no hace diferencia entre las personas” (Hch 10,34) ¿qué sentido tiene hablar de elección?

 

Las elecciones de Dios no siguen los criterios humanos: no presuponen ningún mérito, surgen de su amor gratuito. Dios se ha unido a Israel no porque fuera el más numeroso de los pueblos –al contrario, era el más pequeño– sino simplemente por amor (cf. Dt 7,5-8). Santiago recuerda el comportamiento de Dios a los cristianos de sus comunidades: ¿“Acaso no escogió Dios a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino”? (Sant 2,5).

 

Cuando Dios llama a un hombre, cuando elige a un pueblo, lo hace para confiarle una tarea, una misión, para hacerlo portavoz de sus bendiciones destinadas a todos. Así Abrahán se convertirá en “una bendición para todos los pueblos de la tierra”; Israel, el siervo del Señor, tiene el encargo de “llevar el derecho a las naciones” (Is 42,1); Pablo, es “mi instrumento elegido para difundir mi nombre entre los paganos, reyes e israelitas” (Hch 9,15). Las vocaciones de Dios no confieren ningún privilegio, no ofrecen ningún motivo para sentirse superiores o mejores que los demás, son una llamada de disponibilidad al servicio, a ser mediadores de salvación.

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“Haznos comprender, Señor, cuan grande y comprometida es la misión a la que nos has llamado”.

 

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