Archivo diario: julio 18, 2017

16º Domingo del Tiempo Ordinario, 23 de Julio de 2017, Año A

La impaciencia del hombre

y la calma de Dios

 

 

Hay un video disponible por el P. Fernando Armellini
con el comentario para el evangelio de hoy:
https://youtu.be/bnakb2_MDgU

 

Introducción

 

La obra de la creación se inició separando la luz de las tinieblas (cf. Gn 1,4); el firmamento fue puesto para separar las aguas que están por encima del cielo de aquellas que se encuentran en la tierra (cf. Gn 1,6-7); Dios dijo: “Que existan astros en el firmamento del cielo para separar el día de la noche” (Gn 1,14). Al término de estas separaciones, el autor sagrado comenta: “Y vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno” (Gn 1,31).

 

Desde aquel día, el hombre –quizás por el miedo inconsciente a que los opuestos puedan fundirse de nuevo y desencadenar el caos– se ve instintivamente llevado a erigir vallas y a establecer separaciones: entre buenos y malos, entre puros e impuros, entre santos e impíos, entre amigos y enemigos de Dios. Algunos textos de la Biblia, interpretados superficialmente, parecen aprobar semejantes distinciones: “Sean para mí santos, porque yo, el Señor, soy santo y los he separado de los demás pueblos para que sean míos” (Lv 20,26).

 

En el mundo bueno salido de las manos de Dios, la presencia del mal sigue siendo un enigma, un elemento de disgusto y desconcierto que el hombre no soporta e, impaciente como los siervos de la parábola, se pregunta: “¿De dónde viene la cizaña?”. Después, se suele dejar llevar por el frenesí de resolver inmediatamente las tensiones que sufre y termina por recurrir a remedios que son peores que los males a combatir: se convierte en despiadado e intolerante consigo mismo y con los demás, castiga de manera cruel, desencadena guerras santas y es presa fácil de la “ira del hombre (que) no realiza la justicia de Dios” (Sant 1,20).

 

Comete así dos errores: no acepta serenamente la realidad de este mundo en el que el bien y el mal están destinados a convivir, y confunde el tiempo del crecimiento con el tiempo de la cosecha.

 

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“La presencia del mal en el mundo no pone en peligro el éxito del reino de Dios”.

 

Sigue leyendo

Anuncios
Categorías: Ciclo A | Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: