Archivo diario: febrero 2, 2018

5° Domingo del Tiempo Ordinario – 4 de febrero de 2018 – Año B

El mal existe, pero no es invencible

 

Hay un video disponible por el P. Fernando Armellini
con el comentario para el evangelio de hoy:
https://youtu.be/-CBf3wl6bCc

 

Introducción

 

Hacia el año 2.200 a.C., fue compuesto en Egipto el célebre Diálogo de un desesperado con su alma, un monólogo en que el protagonista, destruido por una tragedia personal, piensa en el suicidio: “Hoy –confiesa– la muerte está delante de mí como la curación para el enfermo, como la libertad para el prisionero, como perfume de mirra, como el placer de quien se sienta bajo una palmera en un día en que corre una fresca brisa”. Estamos en los albores de la literatura egipcia e inmediatamente aflora el angustioso problema del dolor. ¿Por qué está destinado el hombre a sufrir?

 

La respuesta tradicional de Israel a este enigma es la doctrina de la retribución que Elifaz, amigo de Job, sintetiza así: “¿Recuerdas a un inocente que haya perecido? ¿Dónde se ha visto un justo exterminado? Mi experiencia es ésta: los que cultivan maldad y siembran miseria, eso mismo cosechan” (Job 4,7-8). Sin embargo, la vida desmiente sin piedad este dogma de la fe judía, poniendo en evidencia su ingenuidad, su aspecto provocativo y la insolencia con respecto al que sufre.

 

Culpabilizar al hombre haciendo referencia al relato del así llamado pecado original es igualmente insostenible. Hablar de pedagogía de Dios que hace madurar a sus hijos a través del dolor, ha sido definido como “sadismo teológico”, ideado por quien no se ha dado cuenta del mal horrendo que golpea a los inocentes. Y, además: ¿Quién ha dicho que el dolor humaniza?

 

Dar explicaciones teóricas a este grito existencial equivale a “impartir una lección de higiene alimenticia a quien se está muriendo de hambre y de sed”.

 

Jesús no se ha dejado atrapar en disquisiciones teóricas sobre el dolor, ha propuesto la solución: el mal existe y no hay que explicarlo sino combatirlo.

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“Cada vez que enjugo una lágrima coopero a la salvación de Cristo”.

 

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