Archivo diario: noviembre 4, 2018

31º Domingo del Tiempo Ordinario – 4 de noviembre de 2018 – Año B

¿Se puede controlar al corazón?

 

Hay un video disponible por el P. Fernando Armellini

con el comentario para el evangelio de hoy:

 

Introducción

 

El faraón era el amado del dios Ra. Desde los tiempos más remotos, el dios Ra motivaba sus intervenciones a favor del soberano con la fórmula: “Por el amor que te tengo”.

 

El Dios de Israel no conocía este sentimiento dulce y delicado. En los textos más antiguos de la Biblia a Dios se le atribuyen sólo fuertes pasiones: se arrepiente, se indigna, se apesadumbra cf. (Gn 6,6-7), cultiva la inquebrantable lealtad del señor feudal hacia su vasallo, pero no el amor, así se entiende que, presa del terror, los israelitas suplicaran a Moisés: “Háblanos tú y te escucharemos; que no nos hable Dios que moriremos” (Ex 20,19).

 

Dios contempló la creación y “vio que era bueno”, pero no se alude a una emoción de la alegría; en sus alianzas con Noé y Abrahán, se buscaría en vano en el texto sagrado la afirmación porque los amaba como motivo de su elección. El Señor escucha el clamor de su pueblo oprimido en Egipto, se acuerda de su alianza, mira, se preocupa (cf. Ex 2,23-25), pero incluso en esta ocasión no hay mención de amor. Israel se mostró reacio a atribuir al Señor el verbo ‘aheb, amar, debido a sus matices eróticos.

Oseas fue quien introdujo la imagen del afecto conyugal y, después de él, ninguna expresión de este amor, incluso las más atrevidas, fueron excluidas. Sirvió para expresar el afecto, las emociones, la ternura de Dios hacia el hombre. Se descubrió su amor por los patriarcas (cf. Dt 4,37), Abrahán fue reconocido como “su amigo” (cf. Is 41,8), se le atribuyó el afecto visceral de un padre (cf. Sal 103,13) y el juramento: “Aunque se retiren los montes y vacilen las colinas, no te retiraré mi lealtad ni mi alianza de paz vacilará” (Is 54,10).

 

Sólo después de tomar conciencia de este amor eterno y libre, Israel sintió la necesidad de corresponder al mismo y de que un Dios que te ama, sin condiciones, tiene derecho a exigir, incluso al corazón lo que parece humanamente imposible: “Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber” (Prov 25:21).

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“Sólo el que ha entendido que Dios es amor es capaz de amar”.

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