Archivo diario: enero 22, 2019

3er Domingo de Tiempo Ordinario – 27 de enero de 2019 – Año C

Alegría de mi corazón,

luz para mis pasos: tu palabra

 

Hay un video disponible por el P. Fernando Armellini

con el comentario para el evangelio de hoy:

 

Introducción

 

El Dios de Israel “lo dijo y existió” (Sal 33,9). Los ídolos Tienen boca, pero no hablan” (sal 115,5). Por esto son incapaces de socorrer, de proteger, de realizar prodigios.

 

Las palabras del hombre pueden ser “discursos vacíos” (Job 16,3), la de Dios es, por el contrario, “viva y eficaz” (Heb 4,12). Es como la lluvia y la nieve que descienden del cielo y no regresan sin haber regado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar (cf. Is 55,10).

 

No actúa de modo mágico, sin embargo, está dotada de una energía irresistible y, cuando cae en un terreno fértil, cuando viene escuchada con fe, produce efectos extraordinarios: “¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!” (Lc 11,28).

 

El lugar privilegiado para esta escucha es el encuentro comunitario.

 

En “el día del Señor”, el Resucitado dirige su palabra a la comunidad reunida. El cristiano que no siente la necesidad interior de unirse a los hermanos para escuchar con ellos la voz de Maestro, puede estar seguro de que algo no funciona en su relación con Cristo.

 

Ya en los primeros siglos se repetía insistentemente: “No antepongan a la palabra de Dios las necesidades de su vida temporal, antes bien, en los domingos, dejando aparte todo lo demás, apresúrense a correr a la iglesia, pues ¿qué justificación podrá presentar a Dios quien no acude en este día a la asamblea para escuchar la palabra de salvación?” (Didascalia, II, 59,2-3).

 

Si se han infiltrado entre los fieles el desinterés, el desafecto, la desgana de participar en las asambleas dominicales, no hay que culpar solamente a los laicos. Ciertas homilías improvisadas, pobres de contenido espiritual, aburridas, e incluso deprimentes, tienen una buna parte de la culpa. Las lecturas de hoy son para todos una invitación a la reflexión y a la revisión de nuestra relación personal con la palabra de Dios.

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“Lámpara para mis pasos tu palabra, luz para mi camino”.

 

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