Archivo diario: enero 29, 2019

Presentación del Señor – 2 de febrero

Todos lo esperaban,

solo Ana y Simeón lo reconocieron

 

Hay un video disponible por el P. Fernando Armellini

con el comentario para el evangelio de hoy:

 

Introducción

 

Han pasado cuarenta días desde la Navidad y, quizás con un poco de nostalgia, recordamos aún las emociones que experimentamos en esos días, sobre todo por el gozoso mensaje que nos trajo el Niño, astro venido del cielo para iluminar nuestras noches: “nos visitará desde lo alto un amanecer que ilumina a los que habitan en tinieblas y en sombras de muerte” (Lc 1,78-79). ¿A qué se debe que la Iglesia nos invite a contemplar de nuevo al Niño Jesús? 

 

La fiesta de la Presentación del Señor tiene orígenes muy antiguos. En Oriente ya se celebraba en el siglo IV con el nombre y el significado de Fiesta del Encuentro: porque evocaba el encuentro de Jesús en el tempo con el Padre, con Simeón y Ana, representantes del resto de Israel que permaneció fiel a Dios como Abrahán.

 

Cuando en el siglo VII fue introducida en Roma, recibió el nombre de Fiesta de la purificación de María y, como se caracterizaba por una procesión nocturna con candelas, tomó también el nombre de la Candelaria. 

 

El rito de la luz la asociaba a la Navidad, fiesta de Cristo-luz.

 

En Belén la gloria del Señor envolvió de luz a los pastores; en los lejanos países de Oriente la estrella brilló para los Magos; en el templo de Jerusalén ha aparecido la luz para iluminar a la gente.

 

Han pasado ya cuarenta días desde Navidad y pudiera ser que la luz de Belén que “habíamos visto surgir” se haya ofuscado un poco, que no nos parezca tan fascinante como entonces o que no sea ya la única en captar nuestra atención. Quizás nos hayamos dejado deslumbrar por otras estrellas fugaces y más concretas, por otros “astros” que reflejan mejor nuestros sueños y expectativas. He aquí por qué la Iglesia nos invita a encontrarnos de nuevo con el Niño: nos invita a recibirlo en los brazos como lo han hecho Simeón y Ana, los pobres de Israel, personas atentas a la voz del Espíritu.

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

Jesús es “la luz del mundo”.

 

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Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario – 3 de febrero de 2019 – Año C

El profeta: un personaje incómodo

 

Hay un video disponible por el P. Fernando Armellini

con el comentario para el evangelio de hoy:

 

Introducción

 

Hay tribulaciones que llegan de improviso y sin quererlas, pero las hay también que son consecuencias de nuestras decisiones. Es el precio a pagar por quien acepta la difícil y poco gratificante misión del profeta: la persecución.

 

Aun las personas más simpáticas, por extraño que nos pueda parecer, cuando se hacen intérpretes del mensaje del Cielo pueden convertirse en irritantes, fastidiosas, insoportables para acabar siendo marginadas.    

 

El pueblo nunca suele ensalzar a los profetas por largo tiempo y, menos aún, lo hacen quienes detentan el poder sea político o religioso. En un primer momento podrá ser apreciado por su preparación, inteligencia, integridad moral; muy pronto, sin embargo, será mirado con sospecha, evitado y perseguido.

 

Jesús ha sido claro con sus discípulos, no les ha prometido una vida fácil, nos les ha asegurado la aprobación y el consenso de los hombres 

 

Les ha repetido con insistencia que la adhesión a su persona les acarrearía persecuciones: “No está el discípulo por encima del maestro ni el sirviente por encima de su señor. Si al dueño de la casa lo han llamado Belcebú, ¡cuánto más a los miembros de su casa!” (Mt 10,24-25). “Llegará un tiempo en que quien los mate pensará que está dando culto a Dios” (Jn 16,2).

 

Lamentando su pasado, Pablo reconocerá: “Yo soy el último entre los apóstoles y no merezco el título de apóstol, porque perseguí a la Iglesia de Dios” (1 Cor 15,9). No obstante, declarará también de haberlo hecho “por celo santo” (cf. Fil 3,6), convencido de que estaba defendiendo a Dios y a la verdadera religión.

 

Podría suceder también hoy.

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“Tú eres, Señor, mi esperanza, mi confianza desde mi juventud”.

 

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