Ascensión del Señor, 28 de Mayo 2017, Año A

Un modo diverso de estar cerca

 

Hay un video disponible por el P. Fernando Armellini
con el comentario para el evangelio de hoy:
https://youtu.be/Ddn_RWI3n8U

 

Introducción

 

La enamorada siente un deseo incontenible de estar junto a quien ama. En el silencio de la noche piensa en él, pronuncia su nombre, sueña con sus caricias: “Su izquierda bajo mi cabeza y su derecha me abraza” (Cant 8,3). Se siente desolada si no recibe ningún mensaje de él, cuando oye su voz, corre temblando de emoción hacia la puerta, gira el pestillo de la cerradura, abre. Pero el amado ya no está allí, se ha ido, ha desaparecido y ella cae en la desolación (cf. Cant 5,5-6).

 

“Se han llevado a mi Señor”, grita desolada entre lagrimas la Magdalena. Caminan tristes los dos discípulos de Emaús; inclinando la cabeza, rostro a tierra, las mujeres buscan en el sepulcro, entre los muertos, a Aquel que está vivo (cf. Lc 24,5). Estas escenas son el retrato de la comunidad que no encuentra “al amado de su corazón”. Con él, toda noche se trasforma en luz, el ocaso en preludio de aurora, el dolor en anuncio de nacimiento, las lágrimas en esbozo de sonrisa.

 

“¡Quédate con nosotros!” –implora la esposa cuando su Señor parece como querer continuar su camino. Si ha prometido permanecer con ella todos los días hasta el fin del mundo (cf. Mt 28,20) ¿por qué la deja sola? No es él, sin embargo, el que se aleja, es ella la que es incapaz de reconocerlo.

 

Apenas comienza a explicarle las Escrituras, su corazón comienza a arder. Como la amada del Cantar, reconoce la voz de su amado y, a la “fracción del pan”, sus ojos se iluminan y lo reconocen. No la había abandonado ni nunca la abandonará.

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“Los sufrimientos del momento presente no son nada comparados con la gloria futura que será revelada en nosotros”.

 

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Domingo de Pentecostés, 4 de Junio 2017, Año A

Esperanza de un mundo nuevo

 

Hay un video disponible por el P. Fernando Armellini
con el comentario para el evangelio de hoy:
https://youtu.be/Q4zcnQbhYLU

 

Introducción

 

Los fenómenos naturales que más impresionan la fantasía del hombre –el fuego, el relámpago, el huracán, el terremoto, los truenos (cf. Ex 19,16-19) son empleados en la Biblia para narrar las manifestaciones de Dios. También para presentar la efusión del Espíritu del Señor, los autores sagrados recurren a estas imágenes. Han dicho que el Espíritu es soplo de vida (cf. Gn 2,7), lluvia que riega la tierra y transforma el desierto en un jardín (cf. Is 32,15; 44,3), fuerza que da vida (cf. Ez 37,1-14), trueno del cielo, viento huracanado, fragor, lenguas como de fuego (Hch 2,1-3). Imágenes vigorosas todas que sugieren la idea de una incontenible explosión de fuerza.

 

A donde llega el Espíritu, acontecen cambios y transformaciones radicales: se desploman barreras, se abren las puertas de par en par, tiemblan todas las torres construidas por manos humanas y proyectadas por la “sabiduría de este mundo”, desaparece el miedo, la pasividad, el quietismo, surgen iniciativas y se toman decisiones audaces.

 

Quien se siente insatisfecho y aspira a renovar el mundo y el hombre, puede contar con el Espíritu: nada resiste a su fuerza. Un día, el profeta Jeremías se ha preguntado en un momento de desconfianza: “¿Puede un etíope mudar de piel o una pantera de pelaje? ¿Podrán hacer el bien habituados como están a hacer el mal?” (Jer 13,23) Sí –se le puede responder– todo prodigio es posible allí donde irrumpe el Espíritu de Dios.

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“El Espíritu del Señor llena el universo y renueva la faz de la tierra”.

 

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Domingo de la Santísima Trinidad, 11 de Junio 2017, Año A

¿En que Dios crees?

 

Hay un video disponible por el P. Fernando Armellini
con el comentario para el evangelio de hoy:
https://youtu.be/tYSx3GbqMJU

 

Introducción

 

No basta con creer en Dios, es importante verificar en qué Dios se cree. Los musulmanes profesan su fe en Alá, el creador del cielo y de la tierra, aquel que gobierna desde lo alto, que ha establecido prescripciones justas y prohibiciones santas y vigila para premiar a quienes las observan y castigar a los transgresores. No conciben que Dios se rebaje al nivel de los hombres y que pueda descender para encontrarse y dialogar con ellos. ¿Es éste el Dios en el que creemos?

 

En la tribu africana junto a la que he vivido, se invoca a Dios solamente en tiempo de sequía –se cree, de hecho, que la lluvia dependa de él– para otras necesidades se recurre a los ancestros. Ni siquiera se preguntan si Dios se interesa de las enfermedades, de las desgracias, de las cosechas de los campos, de los asuntos de los hombres. ¿Quizás es éste el Dios en el que creemos?

 

A estos interrogantes, responderemos ciertamente que no, que no creemos en dioses semejantes; pero, hagamos la prueba de preguntarnos: ¿Qué imagen de Dios se oculta detrás de la convicción –todavía muy extendida– de que, en el día del juicio, el Señor valorará con severidad la vida de cada persona? ¿A quién suelen recurrir los cristianos en los momentos difíciles para impetrar favores? Reconozcámoslo: adoramos a un Dios que conserva muchas características de las divinidades paganas, susceptibles, severas, lejanas.

 

La fiesta de hoy, introducida bastante tarde en el calendario litúrgico (solo hacia el año 1350), ofrece la oportunidad, a través de la reflexión sobre la Palabra de Dios, de purificar la imagen que nos hayamos hecho de Dios y descubrir rasgos nuevos y sorprendentes de su rostro.

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“Muéstrame, Señor, tu verdadero rostro”.

 

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Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, 18 Junio 2017, Año A

Tenemos un pan para hoy

y un alimento para la vida eterna

 

Hay un video disponible por el P. Fernando Armellini
con el comentario para el evangelio de hoy:
https://www.youtube.com/watch?v=00XV6VUewIk

 

Introducción

 

Cuando entramos en un edificio nos damos cuenta inmediatamente a qué usos ha sido habilitado. Un aula escolástica está amueblada de modo diferente de una enfermería y una discoteca de una oficina. Es fácil reconocer una iglesia: los altares y el tabernáculo para guardar la eucaristía, los cuadros y las estatuas de los santos, el bautisterio, los paramentos sagrados…todo eso permite identificar inmediatamente el lugar destinado a la oración, al culto y a las prácticas devocionales.

 

No siempre, sin embargo, la estructura arquitectónica y decoración excesiva de algunas de nuestras iglesias sugieren la idea del lugar en que la comunidad es convocada para ser nutrida en la doble mesa de la palabra y del pan.

 

Este mensaje lo capta inmediatamente quien entra en las capillas de los poblados de la selva africana: chozas despojadas de lo innecesario y sin adornos, construidas con paja y fango. Las recuerdo con nostalgia: palos que hacen las veces de asientos, dispuestos en círculo para favorecer la unidad de la asamblea y hacer que los participantes se vean la cara y no se den la espalda; el altar en el centro: una mesa, ciertamente la mejor del poblado, pero simple y pobre y sobre el altar un atril con el leccionario abierto en las lecturas del día. Nada más.

 

He aquí claramente representados los dos panes o, si queremos, el único pan en sus dos formas o bien la doble mesa. Los signos son estos: el altar de la Eucaristía, el leccionario de la Palabra. El Concilio Vaticano II lo ha recordado: “La Iglesia no ha dejado nunca de nutrirse del pan de la vida, tomándolo de la mesa de la palabra de Dios, y de la mesa del cuerpo de Cristo y distribuyéndolo entre los fieles (DV 21).

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“El pan material nos mantiene en vida otro día más, la Palabra de Dios da la vida eterna.

 

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