XXII Domingo del Tiempo Ordinario, 28 de Agosto, 2016, Año C

Experimentar la alegría de Dios es posible

Hay un video disponible por el P. Fernando Armellini con el comentario para el evangelio de hoy:

https://www.youtube.com/watch?v=xBzumaa8wz8

Introducción

 

Estamos en una lujosa casa de campo de la alta burguesía de una gran ciudad del tercer mundo, una de esas metrópolis donde la miseria convive con el lujo y desperdicio más descarados. Al término de la fiesta de cumpleaños de la hija –brillante universitaria de 20 años– los padres ordenan a los sirvientes de arreglar el espacioso comedor. Sobre las mesas hay una gran cantidad de carne, arroz, patatas fritas, pasteles, tortas, entremeses: son las sobras del banquete.

 

¿Qué hacemos con todo esto?, pregunta el marido con embarazo. La esposa, que está llevando a la cocina una bandeja llena de vasos para lavar, se detiene un instante sorprendida y, como si se diera cuenta tarde del error cometido, sentencia: “Hemos invitado a la gente equivocada, a la que no tiene hambre”.

 

Tenemos miedo de que se nos acerquen los que tienen hambre, de que nos puedan contagiar su pobreza. Y sin embargo la fiesta de nuestra vida podría acabar en una amarga desilusión: sin saber qué hacer con los bienes que el Señor nos había dado para “dar de comer” a sus pobres.

 

“¡Dichosos los convidados al banquete de bodas del Cordero!”, exclama el ángel del Apocalipsis (Ap 19,9). Pero a aquella fiesta solamente podrán participar los que se ha privado de todo para darlo a quienes tenían hambre.

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“El pobre llama a la puerta para ofrecerme la oportunidad de experimentar la alegría de Dios”.

 

Sigue leyendo

Categorías: Ciclo C | Deja un comentario

XXIII Domingo del Tiempo Ordinario, 5 de Septiembre, 2016, Año C

La Cruz, una ignominia

covertida en signo de “Gloria”

 

Introducción

 

Es famoso el dicho de un padre del desierto: “Llegará un día en que los hombres enloquecerán. Y al ver a uno que es cuerdo, se volverán contra él diciendo: ‘¡tú estás loco!’, por ser diferente de ellos. Pablo ha pasado por esta experiencia: “Los judíos piden milagros, los griegos buscan sabiduría mientras que nosotros anunciamos un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos” (1 Cor 22-23). ¿Dónde está la verdadera sabiduría? La lógica de la cruz no es la del mundo… y el hombre crece asimilando la lógica del mundo. Cuando le viene anunciada la “locura de la cruz” es normal, e incluso saludable, que se enfrente con la duda y la perplejidad y que se detenga a reflexionar sobre la decisión a tomar.

 

Nosotros buscamos la vida, no la muerte; tratamos de evitar todo lo que nos hace sufrir. La cruz no evoca, desgraciadamente, la idea de salvación. Ciertas formas de mortificación, de penitencias, de prácticas ascéticas han hecho un flaco servicio a la hora de comprender la invitación del Señor a tomar la cruz.

 

El cristiano no aspira al dolor (tampoco Jesús lo ha buscado), sino al amor. No obstante, cuando el amor es vivido “hasta el extremo” (Jn 13,1), llega hasta el don de la vida. Es ésta la razón por la que la cruz, de ser signo de muerte se convierte en símbolo de vida.

 

Hasta finales del siglo III, los símbolos cristianos eran el ancla, el pescador, el pez…nunca la cruz. Será a partir del siglo IV, con el célebre descubrimiento del instrumento de suplicio de Jesús por parte de Santa Elena, que la cruz se convertirá en símbolo de victoria, no sobre los enemigos del emperador Constantino antes de la batalla del Puente Milvio, sino sobre la muerte y sobre todo lo que hace morir. Tomar el partido de la cruz es tomar partido de la vida…pero esto es difícil comprenderlo.

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“Danos, Señor, la sabiduría de la Cruz”.

 

Sigue leyendo

Categorías: Ciclo C | Deja un comentario

XXIV Domingo del Tiempo Ordinario, 11 de Septiembre 2016, Año C

Una persona perdida para siempre…

sería la derrota de Dios

 

Introducción

 

“El amor es fuerte como la muerte, la pasión más poderosa que el abismo. Las aguas torrenciales no podrán apagar el amor ni extinguirlo los ríos” (Cant 8,6-7). Con estas célebres imágenes viene descrito en el Cantar de los Cantares la fuerza irresistible del amor. Corre un serio riesgo –lo sabemos– el que se deja envolver en una relación afectiva: el amor presupone la libertad e implica la posibilidad del rechazo y del fracaso. Forman parte también del juego los celos, los tormentos, las ansias, el temor al abandono y todas aquellas emociones que solemos llamar penas de amor. “He sido herida por el Amor”, repite la esposa del Cantar (25,5; 5,8).

 

Dios ha querido correr este riesgo: ha aceptado hacerse débil y ha tenido en cuenta también la posibilidad de la derrota. Lo hemos siempre imaginado omnipotente, pero tratándose del amor esta prerrogativa no forma parte de las reglas del juego. Este término nunca es atribuido a Dios en le Biblia, y con razón, porque desde que ha creado el universo con sus leyes y ha dado vida a la persona libre, ha voluntariamente restringido su poder. Es lo que los rabinos llamaban la: contracción, escondimiento, auto-limitación de Dios.

 

Dios no puede forzar, debe conquistar a la persona amada. Si jugara con el efecto miedo, si amenazara con castigos habría perdido la partida, cosecharía no amor sino hipocresía. En Jesús, Dios ha experimentado más de una vez el fracaso. Jerusalén no ha correspondido a su amor: ¡Jerusalén, Jerusalén, cuántas veces quise reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus pollitos bajo sus alas; y tú no quisiste! (Lc 13,34); en Nazaret no pudo realizar ningún prodigio (cf. Mc 6,5-6); el joven rico lo rechazó (cf. Mt 19,16-22).

 

En el libro del Apocalipsis, Dios no es llamado omnipotente, sino pantocrátor, que significa: Aquel que tiene todo en sus manos. Las personas son libres de hacer sus propias jugadas, pero en el desafío del amor, es Él quien dirige el juego con incomparable maestría, y es imposible que se le escape de las manos. Ahora podemos comprender la frase de Jesús: “habrá más fiesta en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse” (Lc 15,7). El gozo más grande del enamorado es la reconquista de la amada, es oírle decir: “Voy a volver con mi primer marido, porque entonces me iba mejor que ahora” (Os 2,9).

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“Hemos conocido y creído en el amor que Dios nos tiene”.

 

Sigue leyendo

Categorías: Ciclo C | Deja un comentario

XXV Domingo del Tiempo Ordinario, 18 de Septiembre 2016, Año C

Administradores, no dueños

 

Introducción

 

Salmo 24 – “Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el mundo y todos sus habitantes”. El hombre es un peregrino, vive como un extraño en un mundo que no es suyo. Es un trotamundos que atraviesa el desierto. Es dueño de un lote de terreno tanto como sus pies pueden pisar. Pero lo que está más delante ya no es suyo.

 

No somos propietarios sino solo administradores de los bienes de Dios. Esta es una afirmación insistentemente repetida a menudo por los Padres de la iglesia. Recordamos uno, Basilio: “¿No eres acaso un ladrón cuando consideras tuyas las riquezas de este mundo? Las riquezas te son dadas sólo para administrarlas”.

 

El administrador es una persona que aparece a menudo en las parábolas de Jesús. Tenemos uno “fiel y prudente” que no actúa arbitrariamente, sino que utiliza los bienes confiados a él según la voluntad del propietario. Y tenemos otro que, en ausencia del Señor, se aprovecha de su posición “y se hace el dueño”, se emborracha y deshonra a los otros sirvientes (Lc 12,42-48).

 

Está el administrador emprendedor, que se compromete, tiene la valentía de arriesgarse y consigue beneficio para el dueño; y otro que es un vago y un perezoso. Pero el más vergonzoso es el administrador sagaz del que se habla en el Evangelio de hoy.

 

El señor pone un tesoro en la mano de cada persona. ¿Qué hacer para administrarlo bien?

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“No adjunte el corazón a la riqueza, aunque abunda”.

 

Sigue leyendo

Categorías: Ciclo C | Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 61 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: