Archivo mensual: marzo 2019

4º Domingo de Cuaresma – 31 de marzo de 2019 – Año C

¿Pecado? Un infierno del que el amor del padre nos libera

 

Hay un video disponible por el P. Fernando Armellini

con el comentario para el evangelio de hoy:

 

Introducción

 

Jesús reveló que Dios es amigo de publicanos y pecadores (cf. Lc 7,34; Mt 9,12-13). Pero ¿cuánto tiempo durará? ¿No llegará un día en que vaya a cambiar de actitud hacia ellos?

 

Alguien responde a esta pregunta: los pecadores tienen tiempo hasta el final de sus vidas para convertirse, y eso es todo. En el momento del ajuste de cuentas Dios deja de ser bueno y se convierte en un juez justo.

 

Este cambio de actitud de parte de Dios (si es que ocurre), nos puede dejar sorprendidos y desconcertados. Aquí en la tierra, Jesús acepta invitaciones de publicanos y pecadores, frecuenta sus hogares, toma parte en sus celebraciones, come con ellos y, a continuación, en el cielo, les niega un lugar en su banquete y los manda fuera. Un comportamiento difícil no sólo de aceptar sino también de entender.

 

Algunos otros opinan: Dios no los va a condenar, pero será el mismo pecador el que se castigue. Aparte del hecho de que el pecador ya ha sido castigado lo suficiente en la tierra haciendo el mal (Pr 8,36), ¿cómo se puede admitir que el encuentro con el Señor, en lugar de purificarlos y perdonarles, le hagan aún más grande la tristeza que el pecador eligió ¿Quién puede creer que llegará el momento en que Cristo se resigne a la pérdida de un amigo? ¿Quién puede pensar que, en algún momento, el mal triunfará (¡para siempre!) Sobre el amor omnipotente de Dios?

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“El Padre ha confiado a todos a Cristo, el Buen Pastor. Ellos nunca se perderán y nadie los arrebatará de su mano”.

 

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3er Domingo de Cuaresma – 24 de marzo de 2019 – Año C

Las misteriosas razones del corazón

 

Hay un video disponible por el P. Fernando Armellini

con el comentario para el evangelio de hoy:

 

Introducción

 

“No se puede seguir así, todos se aprovechan, todos engañan, los abusos son sistemáticos, insoportables y, para colmo, no se ve ninguna perspectiva nueva”. Estamos a acostumbrados a oír lamentos como ésta. 

 

Quejarse es fácil, más difícil es proponer soluciones.

 

Lamentarse de las violaciones del derecho, escribir comunicados oficiales, proclamar la propia indignación puede también aportar algún beneficio pero, la mayoría de las veces, las denuncias, especialmente cuando se reducen a gestos formales y a declaraciones diplomáticas, se convierten en letra muerta. 

 

Frente a la injusticia muchos se dejan llevar del frenesí de la venganza, llegando a cometer actos insensatos. El recurso a la violencia no ha dado nunca resultados positivos, por el contrario, ha provocado siempre problemas, a menudo irreparables.

 

Existe otra posible alternativa: el desinterés. Es la opción de quien se encierra en su pequeño mundo, evita comprometerse, aunque solo sea emocionalmente, con los dramas ajenos, a no ser que los acontecimientos políticos les afecten en su vida personal o familiar.

 

¿Qué hacer? La realidad, social, política y económica del mundo nos interpela, no podemos desinteresarnos, alejarnos de ella, observarla desde afuera como espectadores inertes. Pero ¿cómo intervenir?

 

Existe un modo correcto de hacerlo: lo sugiere hoy la palabra de Dios. 

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

Bueno y misericordioso es el Señor, Él libra de todas las culpas y cura todas las enfermedades”. 

 

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