4º Domingo de Cuaresma – 31 de marzo de 2019 – Año C

¿Pecado? Un infierno del que el amor del padre nos libera

 

Hay un video disponible por el P. Fernando Armellini

con el comentario para el evangelio de hoy:

 

Introducción

 

Jesús reveló que Dios es amigo de publicanos y pecadores (cf. Lc 7,34; Mt 9,12-13). Pero ¿cuánto tiempo durará? ¿No llegará un día en que vaya a cambiar de actitud hacia ellos?

 

Alguien responde a esta pregunta: los pecadores tienen tiempo hasta el final de sus vidas para convertirse, y eso es todo. En el momento del ajuste de cuentas Dios deja de ser bueno y se convierte en un juez justo.

 

Este cambio de actitud de parte de Dios (si es que ocurre), nos puede dejar sorprendidos y desconcertados. Aquí en la tierra, Jesús acepta invitaciones de publicanos y pecadores, frecuenta sus hogares, toma parte en sus celebraciones, come con ellos y, a continuación, en el cielo, les niega un lugar en su banquete y los manda fuera. Un comportamiento difícil no sólo de aceptar sino también de entender.

 

Algunos otros opinan: Dios no los va a condenar, pero será el mismo pecador el que se castigue. Aparte del hecho de que el pecador ya ha sido castigado lo suficiente en la tierra haciendo el mal (Pr 8,36), ¿cómo se puede admitir que el encuentro con el Señor, en lugar de purificarlos y perdonarles, le hagan aún más grande la tristeza que el pecador eligió ¿Quién puede creer que llegará el momento en que Cristo se resigne a la pérdida de un amigo? ¿Quién puede pensar que, en algún momento, el mal triunfará (¡para siempre!) Sobre el amor omnipotente de Dios?

 

Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

“El Padre ha confiado a todos a Cristo, el Buen Pastor. Ellos nunca se perderán y nadie los arrebatará de su mano”.

 

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1° Lectura | 2° Lectura | Evangelio

 

Primera Lectura: Josué 5,9a.10-12

 

El Señor dijo a Josué: 5,10: Los israelitas estuvieron acampados en Guilgal y celebraron la Pascua el catorce del mismo mes, por la tarde, en la llanura de Jericó. 5,11: A partir del día siguiente a la Pascua comieron de los productos del país; el día de Pascua comieron panes sin levadura y grano tostado. 5,12: A partir del día siguiente que comieron de los productos del país, faltó el maná. Los israelitas no volvieron a tener maná; aquel año comieron de los frutos del país de Canaán. – Palabra de Dios

 

 

Antes de salir de Egipto, los israelitas celebraron la Pascua. Se mantuvieron vigilia durante toda la noche; comieron el cordero y luego, en la oscuridad, comenzaron su viaje a la tierra que Dios había prometido a sus padres. Conducido por Moisés y protegido por el Señor cruzaron el Mar Rojo y entraron en el desierto, donde pasaron cuarenta años.

 

La lectura de hoy dice al final de este largo viaje. Después de mucho deambular, los israelitas cruzan el río Jordán y llegar a Gilgal, en los llanos de Jericó. Ellos son finalmente libres y van a tomar posesión de una tierra fértil. A cada familia se le asigna un terreno para cultivar. Vivirán en la agricultura y la ganadería, no más de maná y los frutos pobres que ofrece el desierto. Para expresar su alegría y su gratitud al Señor, los israelitas deciden celebrar de nuevo la fiesta de la Pascua, como lo hicieron sus padres en la noche de la liberación de Egipto.

 

No llevan a cabo el ritual de recordar el pasado distante, sino para demostrar que entendían, que se den cuenta de que Dios ha cumplido sus promesas. Él no ha conducido a su pueblo en el desierto para destruirlos, para hacerles perecer como sus padres a menudo han sospechado y insinuado (Ex 17:3; Nm 14:3), pero se ha borrado para siempre “la vergüenza de Egipto”. Tantas veces lo han puesto a prueba, dudaba de su lealtad, desobedecieron la voz (Nm 14:22), pero los liberaron por igual.

 

Ni pecado, ni la infidelidad ha logrado disuadirlo, de disuadirlo, para hacerle desistir de su plan de salvación. La historia de este pueblo es un signo de la peregrinación de toda la humanidad a la tierra de la libertad definitiva en la que todos, sin excepción, se espera que (1 Tim 2,4; Tit 2,11).

 

Al salir del desierto de los israelitas ya no se necesita el maná, “pan de los ángeles” (Sal 78:25), pan del cielo (Sal 105: 40) que nadie había sido denegada y que nadie tuvo que considerar su propiedad exclusiva de lo contrario, podrido y creció a humedad.

 

Que está alimentada por el pan eucarístico está en el camino, que aún no ha llegado a la tierra prometida. Pero incluso este pan cesará cuando la fiesta y el banquete eterno comenzarán.

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Segunda Lectura: 2 Corintios 5,17-21

 

Si uno es cristiano, es una criatura nueva. Lo antiguo pasó, ha llegado lo nuevo. 5,18: Y todo es obra de Dios, que nos reconcilió con él por medio de Cristo y nos encomendó el ministerio de la reconciliación. 5,19: Es decir, Dios estaba, por medio de Cristo, reconciliando el mundo consigo, sin tener en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos el mensaje de la reconciliación. 5,20: Somos embajadores de Cristo y es como si Dios hablase por nosotros. Por Cristo les suplicamos: Déjense reconciliar con Dios. 5,21: A aquel que no conoció el pecado, Dios lo trató por nosotros como un pecador, para que nosotros, por su medio, fuéramos inocentes ante Dios. – Palabra de Dios

 

 

La apocalíptica judía, que tuvo su apogeo en el mismo momento del nacimiento del cristianismo-previó que el mundo actual, en terribles convulsiones y catástrofes, que pronto llegará a su fin y de sus cenizas un nuevo mundo se levantaría.

 

Al escribir a los Corintios, Pablo responde a estas expectativas y dice: no tenemos que esperar a que los trastornos cósmicos, la edad, ya ha pasado; con la Pascua de Cristo, el nuevo mundo ha comenzado, y para ser partícipes de la misma, es suficiente “para estar en Cristo” (v. 17). ¿Cómo explicar mejor este milagro realizado por Dios?

 

El Apóstol utiliza la imagen de la reconciliación. El pecado es un desacuerdo, un estado de enemistad, una divergencia de opiniones e intenciones entre el hombre y Dios. Esta hostilidad se ha superado, se restableció la armonía no por el arrepentimiento y la buena voluntad de varón, sino por una intervención libre por Dios. En Cristo ha reconciliado al mundo consigo mismo “ya no teniendo en cuenta sus transgresiones” (vv. 18-20). Ha arrancado los libros de cuentas que todo estaba en rojo.

 

¿Una pizarra limpia? La imagen de la Forgiven deuda legal podría sugerir esta idea, pero el resto de la carta aclara el pensamiento del Apóstol. Se vuelve a los Corintios una exhortación sincera: “Que Dios te conciliar; Te lo pedimos en el nombre de Cristo!” (v. 20). Por tanto, es necesario que el hombre acepta la reconciliación que Dios ofrece. Entre Pablo y la comunidad de Corinto se ha producido una ruptura dolorosa. Unos meses antes de que el Apóstol resultó herido de gravedad e incluso excluidos. Esto no fue un malentendido trivial. Paul fue rechazada por el mensaje, anunció. Es por eso que recuerda a los corintios: “Así nos presentamos como embajadores en nombre de Cristo, como si Dios mismo hace un llamamiento a usted a través de nosotros” (v. 20).

 

Uno no puede reconciliarse con Dios sin estar de acuerdo con su apóstol, sin aceptar el mensaje que anuncia. La reconciliación con Dios no se logra a través de ritos de purificación y prácticas ascéticas, sino a través de la adhesión a la palabra que se transmite por aquellos que actúan como embajadores de Dios (Rom 10:14-17). La Cuaresma es un tiempo privilegiado para esta escucha y es también un momento de la verificación, ya que es muy fácil de rechazar, incluso de buena fe-que, como Pablo, se envía a anunciar la palabra de Jehová.

 

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Evangelio: Lucas 15,1-3,11-32

 

Todos los recaudadores de impuestos y los pecadores se acercaban a escuchar. 15,2: Los fariseos y los doctores murmuraban:–Éste recibe a pecadores y come con ellos. 15,3: Él les contestó con la siguiente parábola:–Un hombre tenía dos hijos. 15,12: El menor dijo al padre: Padre, dame la parte de la fortuna que me corresponde. Él les repartió los bienes. 15,13: A los pocos días el hijo menor reunió todo y emigró a un país lejano, donde derrochó su fortuna viviendo una vida desordenada. 15,14: Cuando gastó todo, sobrevino una carestía grave en aquel país, y empezó a pasar necesidad. 15,15: Fue y se puso al servicio de un hacendado del país, el cual lo envió a sus campos a cuidar cerdos. 15,16: Deseaba llenarse el estómago de las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. 15,17: Entonces recapacitando pensó: A cuántos jornaleros de mi padre les sobra el pan mientras yo me muero de hambre. 15,18: Me pondré en camino a casa de mi padre y le diré: He pecado contra Dios y te he ofendido; 15,19: ya no merezco llamarme hijo tuyo. Trátame como a uno de tus jornaleros. 15,20: Y se puso en camino a casa de su padre. Estaba aún distante cuando su padre lo divisó y se enterneció. Corriendo, se le echó al cuello y le besó. 15,21: El hijo le dijo:–Padre, he pecado contra Dios y te he ofendido, ya no merezco llamarme hijo tuyo. 15,22: Pero el padre dijo a sus sirvientes:–Enseguida, traigan el mejor vestido y vístanlo; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. 15,23: Traigan el ternero engordado y mátenlo. Celebremos un banquete. 15,24: Porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado. Y empezaron la fiesta. 15,25: El hijo mayor estaba en el campo. Cuando se acercaba a casa, oyó música y danzas 15,26: y llamó a uno de los sirvientes para informarse de lo que pasaba. 15,27: Le contestó:–Es que ha regresado tu hermano y tu padre ha matado el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo. 15,28: Irritado, se negaba a entrar. Su padre salió a rogarle que entrara. 15,29: Pero él le respondió:–Mira, tantos años llevo sirviéndote, sin desobedecer una orden tuya, y nunca me has dado un cabrito para comérmelo con mis amigos. 15,30: Pero, cuando ha llegado ese hijo tuyo, que ha gastado tu fortuna con prostitutas, has matado para él el ternero engordado. 15,31: Le contestó:–Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo. 15,32: Había que hacer fiesta porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado. – Palabra del Señor

 

 

Y aquí es la más bella de todas las parábolas de los Evangelios. Desde los primeros días de la iglesia se ha estudiado, comentado y sugirió ideas a grandes escritores, pintores, músicos, filósofos, psicólogos. Se le conoce como la “Parábola del hijo pródigo”, pero este título no es apto, ya que toma en cuenta solamente uno de los tres personajes. No tiene en cuenta su hermano mayor a la que se dedica toda la segunda parte de la historia y, sobre todo, se ignora el verdadero protagonista, el padre. Es más correcto hablar entonces de la “Parábola del amor del Padre” o la “parábola del padre misericordioso.”

 

A menudo se utiliza durante los servicios penitenciales con el objetivo de tocar el corazón de los pecadores más obstinados. Se utiliza en este contexto, sin embargo, la segunda parte de la historia crea un poco de vergüenza, molesta un poco la emoción y el recogimiento que se crean. Más de una vez nos hemos preguntado por qué Jesús no se detuvo después de que el abrazo del padre del hijo pródigo y el comienzo de la fiesta.

 

Quien hace esta pregunta no ha estado prestando atención a los versos que introducen la parábola. No se ha comprobado a quién y por qué razón Jesús le dice a ella. Él no es atractivo para los pecadores, sino a los justos: “Los recolectores de impuestos y pecadores estaban buscando la compañía de Jesús. Pero los fariseos y los escribas mal visto en este, murmurando: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos.» Entonces Jesús les dijo esta parábola” (vv. 1-3).

 

Son los fariseos y los escribas, la intachable que ejecutan un gran riesgo espiritual. Ellos son los que están en peligro debido a que han distorsionado por completo la relación con Dios; que no comprendían que ama a todos abundantemente, y antes de él no pueden reclamar méritos.

 

En el último capítulo se presenta a Jesús en la mesa de uno de los principales fariseos (Lc 14:1). Ahora la compañía ha cambiado considerablemente: él está con todos los publicanos y pecadores, de hecho, parece que los han invitado a su casa. Una elección escandaloso que provoca la indignación de los justos que no puede sino concluir que este hombre que frecuenta la compañía de los impuros no puede venir de Dios. Para justificar su comportamiento Jesús cuenta la parábola. Por lo tanto, se encuentra en la segunda parte de la historia que se encuentra la lección principal. Es allí que el hermano mayor que representa claramente los fariseos entra en la escena. Son los observantes sin culpa de los mandamientos y de los preceptos de la ley. Ellos son los que tienen que cambiar su forma de pensar si no quieren quedar excluidos en el banquete del reino anunciado por los profetas (Is 25,6-8). Después de esta introducción llegamos a la parábola.

 

Un día, el hijo menor de un rico terrateniente viene a su padre y le pregunta por su herencia. La sabia Eclesiástico no recomienda que se adhieran a dicha solicitud. El decía al padre: “Es preferible para sus hijos a ser dependiente de usted. Esperar hasta el final de sus días, hasta que la muerte está cerca, para distribuir su herencia” (Sir 33:22-24). Pero el padre de la parábola no pone ninguna resistencia. Se divide en silencio su riqueza entre sus dos hijos, de acuerdo con lo que establece la ley.

 

El comportamiento de este padre indica el respeto de Dios por las decisiones del hombre. Se exhorta, educa, informa, acompaña, pero siempre deja la libertad también a cometer errores.

 

¿Por qué el hijo menor prisa deciden dejar a la familia? La primera razón es que él ve en su padre una especie de tirano que impone su voluntad y no le permite hacer lo que quiere. Los años de la juventud son pocos, pasar como un soplo y se corre el peligro de perder las mejores oportunidades y el tiempo más precioso para disfrutar de la vida. Se basa en el razonamiento de los locos: “Nuestros días son como el paso de una sombra. Ven, pues, y disfrutar de todo lo bueno; vamos a utilizar la creación con la cáscara de la juventud y no pasar cualquier flor de la primavera. Vamos a coronar a nosotros mismos con capullos de rosa antes de que se desvanecen; que todo el mundo participa en nuestra orgía” (Sab 2:5-9).

 

Sin embargo, es tal vez sea injusto pensar que las fallas son sólo su. Pronto sabremos su hermano y vamos a sentir de inmediato qué tipo de persona que es, cómo piensa, razona, lo orgulloso que está de su perfección, la integridad moral e intolerante con quien no comparte sus convicciones, deberes, el ritmo frenético de su trabajo. Nos daremos cuenta de que vivir al lado de un tipo tal no es fácil ni gratificante.

 

El objetivo de los jóvenes es “un país lejano.” El rompe con su familia, su gente, las tradiciones religiosas de su tierra natal y se va a establecerse entre los paganos, los criadores de cerdos, animales impuros por excelencia (Lev 11:7). Es la imagen de la separación de Dios, el rechazo de todos los principios morales, la elección de una vida disoluta y desinhibida.

 

Lejos de la casa del Padre, sin embargo, la alegría y la paz están queriendo. La búsqueda del placer, las drogas, los falsos amigos, las aberraciones sexuales terminan con asco. Las aventuras no llenan; el hombre necesita un equilibrio interno de lo contrario se siente “muerto de hambre”. La escena del joven obligado a ponerse al servicio de un pagano y de guardar sus cerdos representa de manera muy eficaz la condición desesperada y la degradación de uno que se aleja de Dios. Los rabinos dijo: “Maldito el hombre que cría cerdos.”

 

La experiencia de decepción es providencial, cae en sí mismos. Los rabinos todavía dijo: “Cuando los israelitas se vieron obligados a comer algarrobo, convierten.” Pero este tipo era que lo siento o no?

 

La respuesta a esta pregunta es de suma importancia para la comprensión de la parábola. Si leemos cuidadosamente los versos 17-19, observamos que la preocupación de que el hijo menor no es el dolor causado al padre, pero el hambre. El caso sería diferente si “cayó en sí mismo” y decir: “Mira donde estoy! Yo era un hijo degenerado. He arruinado mi vida, pero antes de morir yo quiero disculparme con mi padre, quiero abrazarlo. A continuación, voy a salir de nuevo, sin aceptar siquiera una taza de café, porque yo no lo merezco.” Si él habla de esta manera, entonces sí que daría señales de arrepentimiento. En su lugar, no hace mención de que el dolor causado a su padre. Su única preocupación es encontrar un pedazo de pan. El pequeño discurso que prepara y tiene la intención de recitar a su llegada en el hogar tiene un propósito: para mover el padre y convencerlo para darle de comer.

 

La conclusión que se impone entonces no puede ser más que esto: no hay evidencia de que milita en favor de su arrepentimiento.

 

Se va de todos modos y se aplica, en cada detalle, el proyecto se indica en su soliloquio (v. 20). Ahora el padre vuelve a la escena. Él no dice una palabra. Su reacción al hijo que regresa se describe con cinco verbos que solo son suficientes para considerar este verso como una de las más bellas de toda la Biblia.

 

– Le vio un largo camino por recorrer. Se le ve en primer lugar porque él siempre ha estado esperando por él.

 

– Estaba profundamente movido por la compasión. El verbo griego splagknizomai indica una emoción muy intensa y tan profunda como para ser percibido físicamente en las “entrañas”. Es la sensación que experimenta una madre hacia el hijo que lleva. Uno no puede imaginar una emoción más íntimo y más fuerte. En el nuevo testamento este verbo aparece sólo en los Evangelios (doce veces) y siempre se hace referencia a Dios o Jesús, como queriendo decir que sólo Dios es capaz de sentir esta forma de amor.

 

– Se agotó. Un gesto instintivo, pero descuidada para un anciano. También es indigno para una persona de su rango. La emoción ha causado claramente el padre pierda el control de sus reacciones. Él actúa con sólo escuchar el corazón.

 

– Se echó los brazos alrededor de su cuello. Literalmente se echó sobre el cuello, que es mucho más que abrazar. Encontramos esta expresión sólo una vez más en el Nuevo Testamento. Se utiliza para expresar los sentimientos de los ancianos de Éfeso cuando se saludan Pablo, sabiendo que ya no volverían a ver su rostro: “Todos empezaron a llorar y arrojaron sus brazos al cuello y lo besó” (Hch 20:37).

 

– Él no se detuvo para darle un beso. No es el tradicional beso de saludo dado al anfitrión, pero es una señal de bienvenida; es la expresión de la alegría y el perdón. El padre no permite a su hijo a arrodillarse.

 

Ante la reacción del padre, el hijo pródigo, cuyo arrepentimiento que ya han expresado sus reservas-toma la palabra “y” recita su confesión. Él no puede terminarlo. Cuando está a punto de añadir: “me tratan entonces como uno de tus jornaleros”, el padre lo interrumpe y comienza a dar órdenes (vv. 21-22). Sus disposiciones tienen un significado y una referencia simbólica.

 

– El hijo debe dar la mejor túnica larga, la que se usa para las fiestas, para los clientes respetados, el mismo que, de acuerdo con el vidente del Apocalipsis, es usado por los elegidos del cielo “que están de pie delante del trono y del Cordero” (Ap 7,9). Dios restaura en su familia, con todos los honores, el que regresa.

 

– El anillo en su dedo. No es el anillo de civil, pero el uno con el sello. La autoridad sobre los siervos y el poder sobre los bienes del padre, se les da la espalda al joven. Curiosamente, es como si nada hubiera sido desperdiciado. Todavía puede disponer de toda la herencia que parece (y es) inagotable.

 

– Las sandalias en los pies son la marca de un hombre libre. Los esclavos iban descalzos.

 

En su casa de Dios no quiere esclavos, sino personas libres (Jn 15,15). Para ello, tenga en cuenta la información, el padre interrumpe la confesión del hijo antes de que declaró su voluntad de convertirse en un empleado, luego ordenó que se le diera el manto, no la corta, utilizado por los funcionarios de lunes a viernes. Finalmente las sandalias: que no presentan a nosotros mismos descalzos delante de Dios. Los sirvientes descalzos temblorosos esperan recibir órdenes o reprimendas. Él no es un maestro; que quiere ser amado, no temido o servido.

 

Una fiesta concluye el camino hacia la casa del Padre.

 

El judaísmo enseña que Dios le concedió su perdón a los que se había arrepentido sinceramente y expresó su deseo de ser convertido a través del ayuno, la penitencia, la ropa hecha jirones, postraciones. La primera parte de la parábola termina lugar tan escandaloso y los fariseos que están escuchando empezar a entender. El Dios anunciado por Jesús es muy diferente de la forma en que se imaginaron: organiza un banquete para los que no lo merecen, introduce en sus pecadores fiesta sin comprobar si están arrepentidos, si están sinceramente decidido a cambiar su vida. Las abraza sin pedirles alguna pregunta.

 

Es el punto de fricción entre Jesús y los líderes espirituales de Israel. Al dar la bienvenida a los pecadores arrepentidos no provocaría ninguna reacción. Incluso los escribas y fariseos perdonamos a los que reconoce su error y la promesa de reforma. Su irritación se debe al hecho de que Jesús es un amigo de publicanos que siguen para hacer su trabajo, que frecuentan las casas de los pecadores que no se hayan convertido. En su comportamiento Dios revela sus sentimientos: no sólo se ama a los justos a los pecadores y arrepentidos; Él ama a todos, siempre y sin condiciones. Nos pide que “amar incluso a aquellos que nos hacen daño.” Él no nos dice que amemos a nuestros enemigos que se arrepienten y disculparse, sino para hacer el bien a ellos, incluso si siguen persiguiéndonos. Él exige este comportamiento porque el Padre en el cielo nos da el ejemplo: (no sobre los malvados arrepentido [Mt 5:44-48]) que hace salir el sol sobre justos y los injustos. Si iba a construir barreras entre el bien y el mal, si es que le encantaría algunos de odio y demás, ¿cómo podría él nos obligan a hacer otra cosa?

 

Es inevitable que, en la cara de este amor gratuito de Dios, surge una pregunta: si Dios ama también a los malvados por qué se esfuerzan por comportarse bien? Es para responder a esta pregunta que Jesús, en la segunda parte de la parábola (vv. 25-32), introduce el hijo mayor. Vamos a ver qué tipo de persona que es y ¿a quién representan.

 

Él viene de los campos, agotados, tal vez incluso tenso y preocupado. Él siempre es el que tiene que resolver todos los problemas y se encuentra con una sorpresa: un banquete, la música, el baile… No es ni invitado ni notificado. Él llama a uno de los criados y consultas acerca de lo que está sucediendo. El texto original tiene el verbo en imperfecto (estaba informando a) que indica una acción prolongada. Él es tan aturdido y sorprendido de que, incluso después de las repetidas explicaciones de la criada, que permanece incrédula. Él está indignado y su ira está más que justificado: es la reacción lógica del hombre fiel e irreprochables ante una evidente injusticia.

 

El padre que sale al rogarle (de nuevo, el verbo está en el imperfecto: se continua para rogarle insistentemente) pidiéndole que introduzca, hace una lista de sus méritos: no he traspasado cualquier orden, siempre he servido fielmente… Es la perfecto retrato del fariseo atento y cuidadoso que en el templo se puede decir al Señor: “no soy como otras personas, que agarran torcida, adultera. Ayuno dos veces a la semana y dar la décima parte de todo lo que gano” (Lc 18:11-12).

 

Las palabras que habla son un poco mal educado, es cierto, pero son los correctos. ¿Quién de nosotros no compartirlas? Así fue como los escribas y fariseos del tiempo de Jesús razonadas y así es como muchos creyentes hoy en día la razón. En teoría se admite que Dios es derecho a hacer lo que quiere (Mt 20:15), reconocemos que de él recibimos todo de forma gratuita, pero en el fondo seguimos pensando que los justos de crédito antes de él, que el paraíso tiene que ser ganado, y que aquellos que no ganan son expulsados.

 

La previsión de la condena de una persona que hace lo malo, se debe a la creencia de que todo aquel que hace pecado, es un tipo inteligente que goza de ella; para esto es envidiada, despierta los celos y se espera que sea castigado. No se da cuenta de que su vida es una gran tragedia. La búsqueda desenfrenada del placer lleva a la desesperación, no alegría. El hijo pródigo, disgustado por las aberraciones sexuales y el libertinaje, concluye: “Me muero de hambre.”

 

Este hermano mayor sin mancha no entendió que el padre en el país no quiere siervos, sino hijos. En la parábola, el hijo más joven utiliza cinco veces la palabra “padre” porque para él el padre es realmente un “Padre.” Él sabe que no puede hacer afirmaciones en su sentido, está convencido de haber recibido todos libres, no merece nada. En los labios del hijo mayor en su lugar la palabra “padre” nunca aparece. Muestra de no ser un hijo, sino un sirviente; el padre para él sólo es un maestro. La consecuencia de esta mala relación con el padre es el rechazo del hermano que se llama: “este hijo tuyo” (v. 30).

 

Inmediatamente, sin embargo, el padre, con gran finura, lo corrige: “tu hermano…” (v. 32). Dado que esta es la disposición interior del hermano mayor, es fácil imaginar lo que sucedería si el hijo menor, a su llegada, lo encontró en casa en lugar del padre. La parábola no se ha completado. Queda por saber si el hijo mayor se unió al partido y si el hijo menor wised o, en pocos días, actuó como un tonto.

 

Como la parábola cuenta nuestra historia y en cada uno de nosotros hay dos niños-no es difícil imaginar lo que pasó. El hijo mayor vino a la fiesta, a ciencia cierta. Alguien como él no se puede dejar fuera: es demasiado acostumbrados a obedecer. Él es incapaz de oponerse a los deseos de su padre, a pesar de que en su corazón lleva la secreta esperanza de que pronto todo volverá como antes. Vive en tensión porque por un lado se da cuenta que vivió durante muchos años junto a su padre y no acaba de entender. Por otro lado, no puede aceptar la novedad, no puede renunciar a sus ideas, sus creencias, su complacencia por sus méritos … él continuará “ir a la iglesia”, “no va a perder una misa,” pero siempre con dureza criticar a aquellos predicadores que hablan de el amor gratuito de Dios, la salvación de todas las personas, de un infierno vacío …

 

El hijo más joven? Un día se va a permanecer en el interior y en otra exterior, siempre considerado con desprecio y arrogancia por su hermano mayor, pero siempre recibió con ternura por su padre. Comenzaron la fiesta-dice el feliz hecho de texto-no (v. 24). Comenzaron sólo porque cada vez que uno de los niños se apaga, la fiesta se detiene. Será definitivo y sin fin sólo cuando la puerta se cierra y todo, cuando todos los niños van a estar en el interior.

 

Hay un video disponible por el P. Fernando Armellini

con el comentario para el evangelio de hoy:

https://youtu.be/DhSxVUWtDww

 

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